Según
Epicuro, para ser felices hemos de saber cómo actuar. Debemos saber renunciar a
la felicidad presente para obtener una mejor felicidad futura. El instante no
debe gobernar tu vida, sino la durabilidad.
Si
trasladamos esta idea a mi actual vida, estas irán cogidas de la mano. Si
quiero hallar la felicidad en mi misma, he de renunciar a los placeres del
presente y aprender a sacrificarme para poder obtener una felicidad mayor. Para
poder conseguir mi meta, he de renunciar a mis descansos, mis aficiones y mis
lujos para concentrarme y esforzarme con la finalidad de conseguir mi objetivo.
Y es
muy difícil renunciar a lo que te gusta, lo que de verdad esperas hacer día a
día o lo que te hace desconectar durante un rato de esta sociedad agobiante.
Pensar que, gracias a estos pequeños sacrificios, podré conseguir mi felicidad.
Pero, ¿Cómo se que estos sacrificios no serán en vano? ¿De verdad vale la pena
sacrificarse por dicha meta?
Estas
dos últimas cuestiones no cesan de aparecer en mi mente. O no se pueden
responder o no soy capaz de hallar respuesta, aunque creo que solo se pueden
responder a través de la experiencia, de la cual no tengo en abundancia.
Tomando como válida, la opción de encontrar respuesta a través de la propia
experiencia, no queda más remedio que vivirla, aunque volvemos al punto
inicial, de escoger cual de los dos caminos nos llevará a nuestra verdadera
felicidad.
¿Qué
determina escoger un camino u otro? El miedo. Este miedo nos hace plantear si
lo que hacemos es correcto y si las consecuencias que esto puede traer serán
perjudiciales para nuestro ser. La experiencia nos puede ayudar a aliviar estos
miedos, aunque hay algunos que quedan aferrados en nuestra mente, con la
finalidad de atormentarnos en nuestros momentos críticos.
Dejando
de lado nuestros miedos, en el hipotético caso de que escogiera la opción de no
renunciar a mi felicidad presente, podría estar renunciando a la vez a mi
verdadera meta. Y siguiendo el otro caso, el cual me sacrificaría día a día
teniendo un objetivo claro en mente, podría ser que este no pudiese ser posible
o que esta no fuera mi verdadera meta, la que me otorgaría mi felicidad
deseada.
Después
de todo este razonamiento, me gustaría concluir argumentando mi decisión final.
Como la experiencia es la única vía de respuesta ante estas cuestiones, vivir el día a día seria la respuesta idónea
para obtener dicha experiencia, aunque esta conclusión no está reflejada en el
pensamiento epicurista. Por ello, mi decisión final será el sacrificio y el
esfuerzo para conseguir acercarme a esa meta, la que parece ser fuente de mi
verdadera felicidad.
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